Archivo de la categoría: Expos

Doisneau, el coleccionista de instantes

Hace 100 años (y unos días…) nacía en Gentilly Robert Doisneau, el que más tarde se convertiría en el más célebre retratista de la vida cotidiana de la ciudad de París.

Proveniente de una familia burguesa, pasó varios años trabajando como fotógrafo industrial y publicitario para diversas empresas antes de establecerse por su cuenta (sobre todo tras ser despedido varias veces a causa de sus constantes retrasos a la hora de entregar sus encargos), lo que le permitió pasearse por las calles de la capital para inmortalizar los momentos vividos en ellas durante más de medio siglo.

Y digo bien, vividos, porque las fotos de Doisneau muestran una ciudad como contenedor de sus usuarios, quienes caminan por sus aceras y compran el pan, quienes toman el café y van a trabajar. En sus imágenes no vemos sino la vida diaria, congelada de forma espontánea (o posada…), recordándonos lo extraordinario de lo ordinario.

A partir de los años 50 se estableció en el área de Les Halles, lo que le permitió vivir y contar la profunda transformación del lugar, que en un par de décadas pasó de mercado rebosante de vida a enorme agujero para albergar la que hoy en día es la estación más grande y caótica de metro y cercanías de la capital francesa. Desde el momento en el que fue consciente de la pena de muerte de las naves, dedicó todos sus esfuerzos a guardar para el recuerdo todo aquello que iba a perderse: desde la descarga de mercancías en la madrugada hasta los almacenes donde despedazaban la carne, deteniéndose en cada uno de los personajes que habitaban o frecuentaban esos mostradores, pero también en detalles fugaces, como un charco que todos deben saltar para llegar a la acera en un día de lluvia, o el traslado de los negocios antes de la demolición del gran edificio.

Hoy, un nuevo proyecto cambia una vez más el perfil y el uso de la zona aún llamada les Halles, pero se limita a transformar el centro comercial construido en los años 70 en un parque coronado por un engendro de vidrio. Ningún esfuerzo por recuperar la vitalidad, el alma del que no hace mucho fuera el mayor lugar de intercambio de París.

Nos quedaremos con el recuerdo de lo que fue.

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Sempé, el octogenario naïf

Mi infancia no fue espectacularmente alegre. Más bien era lúgubre, e incluso un poco trágica

Resumiendo con semejante tranquilidad la crudeza de su niñez, no es de extrañar que Sempé se convirtiera, años después, en el dibujante capaz de expresar más con menos. La aparente simplicidad de sus dibujos y lo corto de los diálogos, escondían una gran complejidad y una visión cínica pero desenfadada del mundo que le rodeaba, así como una obsesión con la niñez que nunca tuvo, y con la alegría y el bullicio de las grandes ciudades, que lo alejaban de los recuerdos de su vida anterior.

Jean-Jacques Sempé nació en Burdeos en 1932, y sus inicios no fueron fáciles. Viniendo de una familia pobre y desestructurada con frecuentes discusiones públicas, su pasión por el dibujo y por la literatura le llevaron a estudiar por su cuenta, tener trabajos absurdos como vendedor de dentífrico en polvo, o falsificar su edad para alistarse en el ejército. Pero si queréis saberos su vida para eso tenéis Wikipedia. Lo que a mí me interesa es su obra.

Muchos (¿todos?) le conocemos por ‘El pequeño Nicolás’, esas fantásticas viñetas creadas junto a Goscinny (Astérix, Lucky Luke…) que nos entretuvieron en clase de francés en el colegio, donde un chaval (frecuentemente con gafas y bufanda a lo Potter) tenía unas reflexiones demasiado maduras para su edad, para desgracia de sus compañeros y de su sufrido padre.

Pero aparte de Nicolas y el resto de sus personajes (Monsieur Lambert, Catherine Certitude, Monsieur Sommer…), Sempé lleva casi 70 años desnudando sus obsesiones en su obra. No hay que quedarse con lo más evidente, los chistes fáciles, las críticas sociales agudas o las situaciones cómicas, su pasión por las posibilidades del mundo que le rodea siguen llevándole más allá del ciudadano corriente, sin salir del mismo escenario.

El bullicio de la gente (la foule de la Piaf), los autobuses urbanos, la intrincada arquitectura de los tejados de París, y más tarde la verticalidad de Nueva York, la televisión lavacerebros frente a lo absurdo del teatro, la ironía de un reparador de bicicletas que no sabe montar en ellas o de una niña resabida fanática del ballet. Estos son los temas que ha paseado desde los años 50 por las páginas del Télérama y las portadas del New Yorker, viendo publicado a su Nicolas en lenguas improbables y demostrando que ese arte tan francés de la caricatura no acabó en tiempos de Victor Hugo.

El Hôtel de Ville ha organizado una exposición que a base de llenarse todos los días ha sido prolongada ya en varias ocasiones, para mostrar el último recopilatorio de su obra, ‘Un peu de Paris et d’ailleurs’ (‘Un poco de Paris y de fuera’) y para pedirle que, mientras pueda coger un lápiz, siga haciéndonos reír.

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Yayoi Kusama, la loca de los lunares

Si tu idea de ‘decorar una habitación’ consiste en pegar varios cientos de pegatinas de colores por suelo, paredes, muebles y techos

Si te pasaste la década de los 60 grabando orgías de gente desnuda pintada con acrílico

Si el concepto ‘horror vacui’ es un juego de niños a tu lado

Si llevas viviendo en un hospital psiquiátrico voluntariamente más de treinta años

Si, a tus ochentaytantos años, te gusta jugar al camaleón con el papel de pared

…entonces, y sólo entonces, eres Yayoi Kusama

 

Nacida en Matsumoto en 1929, cualquier descripción sobre esta japonesa debe incluir palabras como obsesión, abstracción, suicidio, feminismo, sexo, poemas, pesadillas… Su obra mostraba desde el inicio un fuerte carácter surrealista y… casi diría ‘gore’. En sus primeros cuadros, cuando era una estudiante más de la Escuela Municipal de Bellas Artes de Kyoto en los años 50, ya se apreciaban figuras retorcidas con una infinidad de líneas, perdiéndose en fondos oscuros.

Pero es en los 60, cuando descubre los lunares, topos, polka dots, puntos, circulicos, o como os apetezca llamarlo, cuando Kusama encuentra la salida a sus obsesiones, y su arte encuentra el camino al reconocimiento público.

 

Happenings en Nueva York para protestar contra Vietnam, escándalos en la Bienal de Venecia, exhibiciones en el MOMA… con un ritmo de producción espectacular, se encuentra en la cresta de la ola hasta que en el año 73 regresa a Japón gravemente enferma, y desaparece de la escena internacional durante décadas para dedicarse a escribir novelas macabras y poemas oscuros.

No vuelve a ser recordada hasta los 90, cuando se organizan innumerables exposiciones retrospectivas en las que sus obras, antiguas y recientes, muestran la evolución desde un arte casi de un macabro barroquismo, hasta la simplificación de los símbolos y la tridimensionalización de los patterns.

 

En los últimos años, posa los cuadros en el suelo y va pintando mientras gira a su alrededor, volviendo a un estilo más naïf pero sin perder la sensación de vértigo y paranoia. Una nueva etapa en un arte que no ha parado de evolucionar sin dejar de ser el mismo que siempre.

No dejéis de visitar su página web para no perderos sus próximas exposiciones.

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Dark Lens: Star Wars camina entre nosotros

Seguro que alguna vez te has encontrado en el extrarradio de alguna ciudad, o has visto imágenes de Dubai por televisión y has pensado: ‘Esto parece sacado de una peli de ciencia ficción’. Algo así le ocurrió al fotógrafo francés Cedric Delsaux. Licenciado en Cine y con un Master en Letras Modernas, el hecho de llevar en el mundillo de la fotografía tan sólo 9 años no le ha impedido ganar numerosos premios con su última y mayor colección: Dark Lens, un vistazo a paisajes cotidianos con un giro… galáctico.

Ruinas y reparaciones

A pesar de ser un fan de las películas desde que las vio por primera vez, asegura que su intención no fue en ningún momento homenajear a la saga. Los protagonistas originales de las imágenes eran los lugares, esos espacios residuales de los extrarradios industriales de ciudades como París o Lille. Pero al darse cuenta de que las fotografías no conseguían transmitir al espectador la sensación de irrealidad y futurismo que buscaba, decidió ponérnoslo más fácil integrando a personajes que nos llevaran rápidamente a pensar en alguna galaxia muy muy lejana.

AT-AT-M-30

Moradores de la Banlieue

A la búsqueda de las localizaciones perfectas, que le llevaron no sólo por Francia, sino también a ciudades como Sao Paulo o Dubai, seguía el tratamiento digital de las imágenes, insertando a posteriori las fotografías de miniaturas hechas en estudio para reproducir la luz y los colores de la forma adecuada. Sólo confiesa haber utilizado actores disfrazados o modelos 3D en un par de casos, aunque se reserva de cuáles se trata. ¿Os creéis capaces de detectarlos?

Guarding Paris

Bobba vs Car

Resting droids

Pensadas inicialmente como colección personal, no fue hasta el momento de exponerlas que se plantearon problemas con los derechos de autor. Tras recibir una llamada de un agente de Lucasfilm y ser invitado a una convención para conocer al creador de la saga, todo fue mucho más rápido en el momento en el que el propio George Lucas se encontró con algunas fotografías. Poco después, una exposición en la Biblioteca del MK2 y la publicación de un libro espectacular con la mayoría de estas fotos a página completa.

Guerra Santa

Podéis disfrutar de las imágenes en alta resolución en la web del propio Cedric Delsaux.

Dark Lord

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METROPOLIS 2011

Espectacular.

La nueva versión de Metropolis (1927, Fritz Lang), de más de 150 minutos de duración y con escenas que se creían desaparecidas, es una joya que uno no puede perderse. No importa el hecho de haber visto otras versiones de la película antes o no, ni el ser más o menos friki del cine mudo. Esta cinta representa, ahora mejor que nunca, un hito en la Historia del Cine, de la Fotografía, de la Arquitectura… del siglo XX en general.

Muchas escenas nuevas tienen una calidad de imagen que roza la perfección, gracias a recientes decubrimientos de película en diferentes rincones del mundo y la restauración digital, y otras partes, aunque de peor calidad, introducen tramas y personajes nuevos a la historia, añadiéndole profundidad y dándole un mayor sentido al conjunto.

Merece mención aparte la banda sonora, de Gottfried Huppertz, regrabada en Berlín para esta última edición.

Para todo el que quiera disfrutar de esta maravilla como se merece, podéis acercaros a la Filmoteca de París, y disfrutar más tarde de la exposición de objetos, bocetos e imágenes de la película de la Cinemateca de París.

Mittler zwischen Hirn und Hand muss das Herz sein

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