Archivos Mensuales: mayo 2012

Doisneau, el coleccionista de instantes

Hace 100 años (y unos días…) nacía en Gentilly Robert Doisneau, el que más tarde se convertiría en el más célebre retratista de la vida cotidiana de la ciudad de París.

Proveniente de una familia burguesa, pasó varios años trabajando como fotógrafo industrial y publicitario para diversas empresas antes de establecerse por su cuenta (sobre todo tras ser despedido varias veces a causa de sus constantes retrasos a la hora de entregar sus encargos), lo que le permitió pasearse por las calles de la capital para inmortalizar los momentos vividos en ellas durante más de medio siglo.

Y digo bien, vividos, porque las fotos de Doisneau muestran una ciudad como contenedor de sus usuarios, quienes caminan por sus aceras y compran el pan, quienes toman el café y van a trabajar. En sus imágenes no vemos sino la vida diaria, congelada de forma espontánea (o posada…), recordándonos lo extraordinario de lo ordinario.

A partir de los años 50 se estableció en el área de Les Halles, lo que le permitió vivir y contar la profunda transformación del lugar, que en un par de décadas pasó de mercado rebosante de vida a enorme agujero para albergar la que hoy en día es la estación más grande y caótica de metro y cercanías de la capital francesa. Desde el momento en el que fue consciente de la pena de muerte de las naves, dedicó todos sus esfuerzos a guardar para el recuerdo todo aquello que iba a perderse: desde la descarga de mercancías en la madrugada hasta los almacenes donde despedazaban la carne, deteniéndose en cada uno de los personajes que habitaban o frecuentaban esos mostradores, pero también en detalles fugaces, como un charco que todos deben saltar para llegar a la acera en un día de lluvia, o el traslado de los negocios antes de la demolición del gran edificio.

Hoy, un nuevo proyecto cambia una vez más el perfil y el uso de la zona aún llamada les Halles, pero se limita a transformar el centro comercial construido en los años 70 en un parque coronado por un engendro de vidrio. Ningún esfuerzo por recuperar la vitalidad, el alma del que no hace mucho fuera el mayor lugar de intercambio de París.

Nos quedaremos con el recuerdo de lo que fue.

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